jueves, 27 de mayo de 2010

El paquete de galletas



El paquete de galletas

Cuando aquella tarde llegó a la vieja estación le informaron que el tren en
el que ella viajaría se retrasaría aproximadamente una hora. La elegante
señora, un poco fastidiada, compró una revista, un paquete de galletas y una
botella de agua para pasar el tiempo. Buscó un banco en el andén central y se
sentó preparada para la espera. Mientras hojeaba su revista, un joven se sentó
a su lado y comenzó a leer un diario. Imprevistamente, la señora observó cómo
aquel muchacho, sin decir una sola palabra, estiraba la mano, agarraba el
paquete de galletas, lo abría y comenzaba a comerlas, una a una,
despreocupadamente. La mujer se molestó por esto, no quería ser grosera, pero
tampoco dejar pasar aquella situación o hacer como que nada estaba pasando.

Así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete y sacó una galleta, la
exhibió frente al joven y se la comió mirándolo fijamente a los ojos. Como
respuesta, el joven tomó otra galleta y mirándola la puso en su boca y sonrió.
La señora ya enojada, tomó una nueva galleta y, con ostensibles señales de
fastidio, volvió a comer otra, manteniendo de nuevo la mirada en el muchacho.

El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta. La
señora cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente. Finalmente,
la señora se dio cuenta de que en el paquete sólo quedaba la última galleta.
"-No podrá ser tan descarado", pensó mientras miraba alternativamente
al joven y al paquete de galletas. Con calma el joven alargó la mano, tomó la
última galleta, y con mucha suavidad, la partió exactamente por la mitad. Así,
con un gesto amoroso, ofreció la mitad de la última galleta a su compañera de
banco. ¡Gracias! - dijo la mujer tomando con rudeza aquella mitad. De nada -
contestó el joven sonriendo suavemente mientras comía su mitad.

Entonces el tren anunció su partida... La señora se levantó furiosa del
banco y subió a su vagón. Al arrancar, desde la ventanilla de su asiento vio al
muchacho todavía sentado en el andén y pensó: "¡Que insolente, que mal
educado, que ser de nuestro mundo!". Sin dejar de mirar con resentimiento
al joven, sintió la boca reseca por el disgusto que aquella situación le había
provocado. Abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó totalmente
sorprendida cuando encontró, dentro de su cartera, su paquete de galletas
intacto.
A veces como personas nos preocupamos solamente del exterior del ser humano (ropa, billetera, color de ojos, de piel, físico en general, etc.) pero por dentro son personas especiales, cada humano tiene dentro de sí muchas cosas buenas, a veces por una simple actitud de alguien decimos que nos cae mal...o quizás en el lugar donde estamos siempre (trabajo, colegio, universidad, iglesia) por un simple comentario inocente, una broma juzgamos y crucificamos a la persona, a mi me ha pasado a veces en los colegios hay grupitos y bandos que se odian en un curso sólo por las diferencias... ¡BASTA YA! todos somos diferentes por nuestras maneras de pensar, somos seres únicos, pero a la vez somos todos iguales y acá es donde viene la aceptación de la sociedad... me carga por ejemplo en las iglesias cuando llega alguien de escasos recursos todos lo ven con desprecio y yo digo -pero si viene en busca de algo tiene alguna necesidad-, o en el trabajo o estudio como nos burlamos de alguien por ser diferentes, a veces nos burlamos de los homosexuales pero que pasará por sus cabezas, he hablado con gente así y no quieren acercarse a Dios porque piensan que no tendrán ayuda y que no podrán dejar ese pecado, si tan solo brindáramos ese amor que Dios nos pide tener, si tan sólo demostráramos preocupación y si nos hacen algo malo, algo que no nos gusta (como lo creía la señora al pensar que el joven le sacaba las galletas) aprendamos lo que nos dijo Dios a perdonar…
Debemos aprender a no ser prejuiciosos, a esperar y conocer a la gente, a dar segundas oportunidades y ponernos en el lugar del otro, por sobretodo demostrar amor y no ser mezquinos con la gente.
Cosas así que nos ayudan a pensar, a que haya un ¡STOP! en nuestras vidas y a veces comenzar un cambio radical en cosas en las que estamos fallando, sólo para ser mejor personas y mejores cristianos, como hijos de Dios debemos ser luz, esto implica ser una guía y también un ejemplo para nuestra sociedad, ante los ojos de Dios todos somos humanos, todos erramos, todos tenemos la posibilidad de cambiar…como Dios nos acepta tal cual somos, así debemos ser nosotros sus hijos, y lo del prejuicio dejarlo de lado, acercarse a las personas y conocerlas y lo más importante llevarlas por el buen camino, y a pesar de que la gente esté cada vez pensando liberadamente las cosas de la vida, como la evolución, que el cielo no existe, que somos energía, que cada cual busca su propio dios, que cada uno es dios, que hay que adorar estatuas, etc., a esta gente es a la que debemos socorrer, a pesar de que sean cerrados si le hablamos de Dios, alguna semilla va a quedar dentro de ellos.
Cambiemos, dejemos el prejuicio, seamos amables y demostremos el amor que Dios nos enseñó tener.
Bendiciones.

1 comentario:

  1. Juzgamos apresuradamente en vez de observar con serenidad y valorar... demasiada suspicacia y prejuicios provocan situaciones absurdas.

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